TRIBUNA: JESÚS CEBERIO. A propósito de mentiras
Los lectores de EL PAÍS conocen con detalle las razones que me movieron el pasado día 11 de marzo a encabezar la edición especial del periódico con el título “Matanza de ETA en Madrid”, desechando el que aparecía en anteriores versiones de la primera página: “Matanza terrorista en Madrid”. A requerimiento de la Defensora del Lector lo expliqué el domingo 21 en una columna en la que asumí mi error de apreciación y pedí disculpas a los lectores por haberles transmitido una información que la realidad ha revelado falsa y que tenía su fundamento básico en una breve conversación telefónica con el presidente del Gobierno, José María Aznar. Éste invoca ahora, mediante escrito firmado por el ministro portavoz en funciones, Eduardo Zaplana, que difícilmente pudo ocurrir tal cosa cuando esa edición está datada a la una de la tarde y la llamada de Aznar se produjo unos minutos después. De puro ridículo el argumento no merecería comentario si no formara parte de un esfuerzo continuado del presidente saliente por tratar de demostrar que él no ha mentido, ni manipulado, ni ocultado información durante los tres fatídicos días de marzo (del 11 al 13). Y que en este caso quien miente soy yo.
Antes que nada quede constancia de que este periódico no reveló la existencia de las dos llamadas de Aznar del día 11 (a las 13.06 y a las 20.31) hasta su edición del sábado, una vez que el propio presidente desveló en su comparecencia del viernes 12, después del Consejo de Ministros, que el día anterior había realizado una ronda de llamadas telefónicas a los directores de periódicos de Madrid y Barcelona.
A las 12.59 del 11 de marzo el secretario de Estado de Comunicación, Alfredo Timmermans, me devolvió una llamada que yo había efectuado dos minutos antes y le pregunté por la versión que manejaba el Gobierno, puesto que estábamos a punto de cerrar la edición especial. Me informó de que el Gobierno tenía la absoluta seguridad de que ETA era la autora del atentado y que así lo iba a anunciar en unos 10 minutos el ministro del Interior. Además de señalar los antecedentes (la maleta interceptada en el tren Irún-Madrid en Nochebuena y la furgoneta capturada en Cuenca con más de 500 kilos de explosivos) y los informes evacuados por los servicios de inteligencia, desautorizó el desmentido de Otegi y la versión que aparecía en la web del diario Gara. A la luz de estos datos y ante la inminente comparecencia pública del ministro del Interior, comenté con el director adjunto la conveniencia de cambiar el título de primera página. En el sistema informático del diario figura una versión de las 13.02 con el nuevo titular que incorporaba la autoría de ETA. Tres minutos después entró una llamada de Aznar. La comunicación se estableció exactamente a las 13.06.45 y tuvo una duración de 1 minuto y 51 segundos. El presidente me comunicó su absoluta certeza de que ETA había cometido el horrendo atentado. Y repitió de forma casi literal la línea argumental seguida minutos antes por su secretario de Estado. No se trataba de una deducción, tampoco de la “hipótesis principal”, como pretende ahora el escrito del ministro portavoz en funciones. Y así lo han manifestado otros directores que entraron en esta ronda de llamadas telefónicas.
Como no puede ser menos, decenas de redactores del diario son testigos y partícipes de este cambio en la primera página. Un equipo de reporteros de Antena3 TV había filmado minutos antes la primera página ya elaborada con el título inicial (“Matanza terrorista en Madrid”) y tuvimos que abordarles a la puerta del periódico para que filmaran la nueva versión. En declaraciones a esa cadena antes de la conversación con Aznar señalé que era necesario recurrir a algunos atentados en Oriente Próximo, vinculados al terrorismo islámico, y al de las Torres Gemelas para encontrar precedentes a lo que había ocurrido ese día en Madrid.
Finalmente, y después de diversos azares técnicos que se sucedieron ese día, la primera página fue filmada definitivamente a las 13.53, como puede verificarse en la reproducción gráfica que figura en esta página, y los primeros ejemplares salieron de la rotativa a las 14.28.
Dice el presidente en funciones, a través de su ministro portavoz, que “el Gobierno manejaba entonces la autoría de ETA como hipótesis principal de las investigaciones acerca de los atentados”. Desconozco si era así. Desde luego no fue lo que me transmitió a mí. Añade que, por el contrario, fui yo quien apuntó al presidente del Gobierno mi “convencimiento” sobre la autoría de la banda terrorista. ¿Puede alguien imaginar que el director de un periódico exprese su convicción acerca de la paternidad de un atentado frente a un presidente del Gobierno que con todas las Fuerzas de Seguridad bajo su mando la maneja sólo a título de hipótesis principal? De puro absurda es una mentira que se deshace por sí sola.
Por supuesto que en esa edición especial figuran decenas de referencias a ETA como probable autora del atentado. El lehendakari Ibarretxe fue el primero en pronunciarse públicamente en este sentido. Y todos los mensajes emitidos desde el Gobierno señalaban en esa dirección. Pero el editorial y las páginas de información recogen también diversas cautelas sobre la eventual autoría del terrorismo islamista. Nadie ha acusado a Aznar de haber mentido ese día. El historial terrorista de este país y los antecedentes ya mencionados obligaban probablemente a rastrear en primer lugar a ETA. Lo que hemos criticado de Aznar es haber convertido en certeza, con la autoridad que le confiere su cargo, lo que eran deducciones tal vez inevitables de primera hora, cuando carecía de indicios fundados, y mucho menos de pruebas. Y su pertinaz resistencia de los días siguientes a admitir que el curso de las investigaciones se encaminaba hacia el terrorismo de origen islamista. Para desmentir algo de lo que nadie le acusó ese fatídico día 11, esta vez sí ha recurrido a la mentira.

(*) Artículo aparecido en El País. Reproducido debido al evidente interés informativo y con la suficiente demora para no provocar perjuicio alguno a la fuente de origen.

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