Debate: a Rajoy se le ve el plumero

Tras un debate electoral bifásico, monolítico y medido donde sólo los candidatos del PPSOE paracen existir y el resto de sensibilidades políticas se han ocultado, lo único que queda claro es un regusto anacrónico en el formato y el medio. Se ve que han pactado el milímetro los temas a hablar y han obviado temas esenciales como la corrupción política y la financiación sumergida de los partidos, origen de la burbuja inmobiliaria y núcleo de nuestra galopante crisis; nada de medio ambiente, nada de nucleares. Rubalcaba ha conseguido plantar el mensaje en los televidentes de que Rajoy va a meter la cortacesped en la sanidad, la educación, el estado del bienestar y los derechos sociales, cosa que ya sabemos porque lo aplican a rajatabla en sus comunidades autónomas, y Rajoy no ha conseguido contrarestar ese mensaje. En cuanto a Rajoy, me recuerda un personaje de ciencia ficción (de una novela cuyo autor he olvidado) cuyo discurso era analizado por una novedosa maquinaria que traducía la oratoria en mensajes claros y que descubría tras horas de diatriba que el mensaje no existía, era cero, nada.

Lo único que me queda claro tras este debate es que hay que cambiar el sistema electoral español a toda costa para permitir que los partidos minoritarios obtengan un número de escaños proporcional a su número de votos y que reduzca, o a ser posible elimine, este bipartidismo estéril en el que vivimos.

Acabar recordando un post de hace siete años donde publicaba unos fragmentos de un artículos que publicó el candidato Rajoy cuando era joven y cuyas opiniones creo que debe mantener a pies juntillas:

“Recientemente, Luis Moure Mariño ha publicado un excelente libro sobre la igualdad humana que paradojicamente lleva por titulo “La desigualdad humana”. Y tal vez por ser un libro “desigual” y no sumarse al coro general, no ha tenido en lo que ahora llaman “medios intelectuales” el eco que merece. Creo que estamos ante uno de los libros mas importantes que se han escrito en España en los ultimos años. Constituye una prueba irrefutable de la falsedad de la afirmacion de que todos los hombres son iguales, de las doctrinas basadas en la misma y por ende de las normas que son consecuencia de ellas. Ya en epocas remotas -existen en este sentido textos del siglo VI antes de Jesucristo- se afirmaba como verdad indiscutible, que la estirpe determina al hombre, tanto en lo fisico como en lo psiquico. Y estos conocimientos que el hombre tenia intuitivamente -era un hecho objetivo que los hijos de “buena estirpe”, superaban a los demas- han sido confirmados mas adelante por la ciencia: desde que Mendel formulara sus famosas “Leyes” nadie pone ya en tela de juicio que el hombre es esencialmente desigual, no solo desde el momento del nacimiento sino desde el propio de la fecundación. El Faro de Vigo 7 de julio de 1984″

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