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¿Ley de ciencia 2010?
3La futura ley de ciencia esta creando un gran descontento en la comunidad científica. La Asociación para el Avance de la Ciencia y Tecnología en España (["AACTE":http://www.aacte.eu/]) ha redactado una serie de propuestas alternativa sobre el anteproyecto de ley de la Ciencia 2010. Este es un resumen:
La AACTE se ha mostrado “muy decepcionada”:http://www.elmundo.es/suplementos/campus/2010/573/1267570804.html con el anteproyecto de Ley de la Ciencia presentado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología en marzo de 2010. Dicha decepción se ha visto compartida por otras asociaciones de científicos como la COSCE o la FJI. Destacamos que nuestras críticas y conclusiones parten de puntos de partida opuestos a las elaboradas por los sindicatos, universidades, o la propia administración. Ello ya es en sí mismo un síntoma muy preocupante.
Por ello, desde la AACTE hemos elaborado unas propuesta tanto a artículos concretos del anteproyecto actual, para paliar en lo posible los problemas más flagrantes del mismo, como propuestas más generales que convertirían esta ley en el referente a escala internacional para impulsar la investigación, la tecnología y la innovación en España que nuestro país necesita.
Destacamos entre las propuestas las siguientes:
- La eliminación del requerimiento de la homologación de títulos en el ámbito científico: los méritos investigadores no se miden en sellos.
- La introducción de medidas contra la endogamia: necesitamos investigación original y de calidad, no repeticiones estériles de discípulos menores.
- La transformación de los organismos públicos de investigación en fundaciones sacándolos de la administración general del estado: copiando lo que mejor funciona en España y en los países más avanzados científicamente.
- La creación de un organismo que evalúe sin carga burocrática tanto a investigadores como instituciones (de forma obligatoria en el caso de instituciones públicas) y que haga públicos los resultados de sus evaluaciones: la evaluación continua y con consecuencias es la base del funcionamiento de un sistema de ciencia y tecnología avanzado.
- La eliminación absoluta del principio de antigüedad en la selección del personal investigador o tecnólogo: la calidad de la investigación o la tecnología no se mide en los años de sus descubridores.
La ciencia y la tecnología en España requieren una Ley a la altura de los retos a los que nos enfrentamos. Confiamos en que los representantes de los españoles en el Congreso nos la proporcionen.
Documento completo: “HTML”:http://www.aacte.eu/documentos-y-actividades/Actividades/modificaciones-propuestas-a-la-ley-de-la-ciencia-2010/propuestas-aacte-al-anteproyecto-de-ley-de-la-ciencia-marzo-2010 o “PDF”:http://www.aacte.eu/documentos-y-actividades/Actividades/modificaciones-propuestas-a-la-ley-de-la-ciencia-2010/AACTE_LeyCiencia%20-1.pdf
Ciencia, ¿Para qué?
2Que la ciencia en España no es una prioridad de estado es algo que no tiene duda posible. Salvo operaciones de maquillaje político en forma de centros de investigación para inaugurar entre timbales y discursos floridos, el problema de fondo sigue incólume, intocado e inexplorado por los gobiernos de distinto signo. La ausencia de una carrera científica que merezca tal nombre, la endogamia y el amiguismo que anida en las universidades y el CSIC, el presupuesto irrisorio (tanto público como privado) en investigación y desarrollo, el desperdicio de decenas de miles de investigadores que tienen que dejar de hacer ciencia por falta de expectativas… Y un larguísmo etcetera.
Una de las operaciones maquilladoras que más momentos de gloria dio a nuestros políticos es el programa “Ramón y Cajal”, un sistema de contratos quinquenales que se vendió como la panacea para frenar la famosa “fuga de cerebros” y traer de vuelta al suelo patrio a los científicos españoles en el extranjero.
Como todo plan de maquillaje sin una política seria de fondo, ha pasado de sueño a pesadilla. Se acaban los contratos de los primeros “cajales” y muchos de ellos tienen, otra vez, y ante la ausencia de oportunidades en su país, que volver al extranjero a hacer lo que saben o quedarse en España y cambiar de empleo.
Uno de éstos casos ha llegado a las páginas de el El País, “["Me despido, harta de ser un problema":http://www.elpais.es/articulo/sociedad/despido/harta/ser/problema/elpporsoc/20060604elpepisoc_1/Tes/]“:
«”Me marcho a los Estados Unidos. Tengo allí un tenure track [puesto que se convierte en permanente si la evaluación del candidato es positiva], o sea, lo que nos prometieron aquí hace cinco años, y me dan dinero para investigar (más para dos años del que se da aquí para un grupo de cinco personas en tres años), dos laboratorios y la posibilidad de tener estudiantes. (…) La permanencia me la podrán conceder antes de los cinco años, en consideración a mi currículum vítae”. Así empezaba la carta de Contel.
(…)
Con un contrato a punto de acabar y sin una acción clara por parte de la Universidad de Zaragoza respecto al futuro de sus cajales, Contel optó por buscar fuera, y le fue bien. Finalmente, su universidad sí estabilizará a sus cajales, pero para Contel la decisión ya estaba tomada. “Aquí parece que tenemos que dar las gracias por trabajar. Nosotros hemos sido evaluados como mínimo tres veces en cuatro años, y no puedes tener a gente constantemente preocupada por buscar plaza en el mejor momento de su carrera científica. Tengo ganas de dedicar mis energías a investigar. Y estoy cansada de oír que somos un problema, en vez de un potencial humano con un gran currículo”.»
Un testimonio entre miles.
Verdades como puños
2La patética e inmutable situación de la investigación científica en España ha sido retratada con total acierto en este magnífico artículo de Tomás Ortín Miguel (["El País":http://www.elpais.es/articulo/elpedupor/20060206elpepiedu_8/Tes/Mejores%20universidades%20para%20Espa%F1a]). Imprescindible leerlo completo. Fragmento:
«¿Cómo podríamos poner alguna universidad de España entre las mejores del mundo? Para hallar la respuesta (simple pero dura de poner en práctica), basta fijarse en qué hacen las mejores universidades del mundo para serlo.
Fijémonos, pues, en qué tienen en común Princeton, Berkeley, Stanford o Cambridge, unas públicas y otras privadas (pero todas muy subvencionadas de diferentes formas por el estado, y prácticamente todas del mundo anglosajón). Salta a la vista que en las mejores universidades trabajan los mejores investigadores y que básicamente es esto lo que las convierte en las mejores. Además, la presencia de los mejores investigadores en las mejores universidades es el resultado de la voluntad de serlo, traducida en un esfuerzo continuado para atraer buenos investigadores, compitiendo por ellos; un esfuerzo por seleccionar y retener a los mejores (sin preocuparse de su origen, sin pedirles homologaciones ni convalidaciones) ofreciéndoles buenas condiciones de vida y de trabajo, los medios y apoyo para desarrollar su potencial y que su tiempo no se pierda en inútiles burocracias. La excelencia de la formación que proporcionan estas universidades está automáticamente garantizada por la calidad científica de los profesores, a quienes no se les exige que sepan un temario concreto (una exigencia absurda en una era en que el conocimiento avanza muy deprisa) sino, simplemente, ser líderes en su campo. Los resultados confirman plenamente esta política y, allí donde los estudiantes pueden elegir universidad libremente y con información, escogen universidades que siguen estas pautas generales.
La lista de aciertos de las mejores universidades es la lista de los errores de las nuestras. Para empezar (hace falta decirlo), con honrosas excepciones, los mejores investigadores están en las mejores universidades, no en las nuestras. No hay voluntad de estar entre las mejores, y, por lo tanto, no hay un esfuerzo continuado para atraer a buenos investigadores y seleccionar y retener a los mejores. Las trabas administrativas no permiten competir por contratarlos: se les exigiría la homologación del título (un trámite mucho más lento que la naturalización de un futbolista extranjero) aunque fuesen premios Nobel, y no se les podría ofrecer nada más que su propio puesto de trabajo con el salario de un profesor universitario principiante. Es evidente que estas trabas habrían desaparecido hace mucho si las universidades hubiesen estado interesadas en contratar a los mejores investigadores que, en muchos casos, son extranjeros. Otro tanto puede decirse del CSIC, pero no de su homólogo catalán, el ICREA, que está logrando atraer a buenos científicos del extranjero, de otras universidades españolas y del CSIC, que, correspondientemente, los pierde.
Siendo el secreto de las mejores universidades tan sencillo, habría que preguntarse por qué nuestras universidades no hacen lo mismo. Claro que, ¿qué podría impulsar a las universidades españolas a competir por ser las mejores, si su financiación y la afluencia de alumnos (sin información y con poca capacidad de elección) están aseguradas independientemente de los resultados (que, por otro lado, no se evalúan)? Faltan palos y zanahorias en el sistema, que permite, no sólo que no se seleccione a los mejores del mundo, sino que ni tan siquiera se seleccione a los mejores del mercado español.
(…)
No basta con entender el problema y sus causas: hay que actuar urgentemente. No podemos permitirnos perder esta oportunidad y provocar una nueva fuga, o más bien despilfarro, de cerebros, dinero invertido y prestigio ganado porque este programa se ha convertido en un callejón sin salida. Hay que reformar pronto la carrera investigadora. Aunque, al final, cualquier sistema es corruptible y sólo una buena dosis de palos y zanahorias basada en evaluaciones por comités internacionales con resultados públicos y libre elección de universidad de los estudiantes apoyada con becas, consiga que las universidades se esfuercen en seleccionar a los mejores de forma autónoma (como la Constitución impone) sin necesidad de la tutela estatal.
Hay que lograr que sean los mejores los que investiguen aquí y enseñen a nuestros hijos. Cada profesor-investigador mal escogido despilfarrará el dinero público 35 años e influirá negativamente sobre 35 promociones de alumnos, y ni estos ni nuestra sociedad se lo merecen. Nos merecemos algo mejor: mejores universidades.»
Innovación Cero
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Leading Countries = Países líderes; Average Performance = Rendimiento intermedio; Catching up = Poniéndose al día; Losing Ground = Perdiendo terreno (Al garete)
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