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Valores universales cristianistas

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Analizando quien pone la mitad del dinero para la cercana visita de Benito y de miles de meapilas he llegado a la Fundación Madrid Vivo. Es una institución cuya presidencia de honor recae en el Cardenal Rouco y que está compuesta por empresas (de las gordas) y medios de comunicación (de los de derechas). ¿Qué es lo que hace esta fundación?

La Fundación Madrid Vivo es un puente entre la sociedad civil y la Iglesia de Madrid para ayudar a ésta en aquellas actividades prioritarias de carácter social, cultural y educativo que permitan revitalizar los valores universales en el seno de la sociedad actual.

Miedo. Me temo que no se refieren a los valores universales que indica la declaración universal de los derechos humanos, no,  sino a la versión cristianista de los mismos. Viendo lo que dice su secretario general se vislumbra inmediatamente la empanada mental que manejan:

Iniciativas como «Madrid Vivo» demuestran que es posible una laicidad que admite fundamentos de valor y los pone al servicio de toda la sociedad, sin imposiciones ni confesionalismos. A los ojos sin prejuicios de muchos empresarios, profesionales y hombres de cultura, la Iglesia Católica en España es un proyecto de valor con un enorme beneficio para la sociedad que no sólo puede existir sino que debe poder existir si de verdad vivimos en una sociedad democrática y plural.

A ver si nos aclaramos, puede que estos señores se perdieran la clase de lengua y claro, eso acaba pasando factura. Laicidad significa independencia de la religión. No es laica una Fundación cuyo objetivo es darle alas a la iglesia católica y financiar las visitas del Papa.  Hay que llamar a las cosas por su nombre, son una organización cristianista.

 

 

Mantillas y crucifijos

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La presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, ha defendido en el día del Corpus Christi, que el futuro también se conquista recordando las tradiciones y “haciendo gala de lo que somos, de los que hemos sido y de lo que queremos ser”. (Público)

Y sigue:

“Durante esta festividad se tiene la oportunidad de rememorar y vivir profundamente, no solo en el recuerdo sino en la presencia física y espiritual, una tradición tan nuestra como es el Corpus.”

Solemnes idioteces, esperables eso si de una representante política que se disfraza de Carmen Polo.

No se que hacen los representantes políticos asistiendo a fiestas religiosas y menos a una fiesta tan surrealista e idiota como el “Corpus Christi“, una fiesta que celebra la presencia de entes divinos en trozos de pan y vasos de vino. Y lo peor no es que lo haga un político del PP, porque propagan a los cuatro vientos su nacionalcatolicismo, no, lo peor es que lo hacen casi todos los representantes, independientemente del ideario de sus partidos.

Decoro (y 3)

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Otro verano, y como en “el día de la marmota“, otra vez lo mismo. Repetimos. Vuelve otro año la iniciativa “Playas Familiares” del grupo cristianista Hazteoir. Quieren que en las playas exista “decoro” para que ellos puedan usarlas, y como ellos son los únicos que merecen el nombre de “familia de calidad“, pues eso, “playas familiares”.

Dice el diccionario de la Real Academia que el “decoro” es el honor, respeto, reverencia que se debe a una persona por su nacimiento o dignidad, siendo además sinónimo de circunspección, gravedad, pureza, honestidad, recato, honra, pundonor y estimación. Se usa comúnmente en la frase “guardar el decoro”, significando “comportarse con arreglo a la propia condición social”. Suena a rancio el decoro. Como el “pudor”, huele mal el decoro. Hiede. Trae fragancias del pasado, a colegios de niños y colegios de niñas, a bragas hasta la cintura, a bañadores de cuerpo entero desde los dos años, a miradas furtivas, a deseos ocultos.
Me producen gran repulsión estos cristianistas practicantes. Al igual que los islamistas, o los neonazis la seguridad que emanan huele a podrido, hiede, atufa. Cuando hablan de playas “limpias” se les ve la “suciedad” de sus pensamientos; cuando hablan de “ciudadanos de calidad” se les ve el trasfondo, la segregación, la xenofobia. Asco.

Rouco, ese demócrata

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Dice el cardenal Rouco Varela que hay que hacer un referéndum “como en California” para votar sobre el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo.
No deja de sorprender que los herederos del franquismo se acojan con tanta alegría a la democracia que nunca han promovido ni defendido para perseguir su agenda política. Esa hipocresía es mala, muy mala.

Decoro (y 2)

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Otro verano, y como en el día de la marmota, otra vez lo mismo. Repetimos.

Dice el diccionario de la Real Academia que el “decoro” es el honor, respeto, reverencia que se debe a una persona por su nacimiento o dignidad, siendo además sinónimo de circunspección, gravedad, pureza, honestidad, recato, honra, pundonor y estimación. Se usa comúnmente en la frase “guardar el decoro”, significando “comportarse con arreglo a la propia condición social”.
Suena a rancio el decoro. Como el “pudor”, huele mal el decoro. Hiede. Trae fragancias del pasado, a colegios de niños y colegios de niñas, a bragas hasta la cintura, a bañadores de cuerpo entero desde los dos años, a miradas furtivas, a deseos ocultos.
Decoro y respeto es lo que piden los iniciadores de la iniciativa “Playas Familiares“. Al parecer, que todas las playas de España sean de dominio público y que dentro de la legalidad cada cual pueda hacer en ellas lo que le dé la gana no basta, hay que reglamentar su uso, a saber, hay que achicharrarse según las normas del decoro y habilitar los huecos para “uso familiar” (vaya usted a saber a qué clase de ritos se refieren). Supongo que sólo quedará un diez por ciento para uso comercial (chiringuitos con música adecuada para oídos familiares, pero sin inmigrantes vendiendo bebidas que son desagradables) y religioso (una capillita por playa no estaría mal, ya puestos).
Invocan la “protección de la infancia” y piden un “ambiente apto para las familias”, nada de nudismo, nada de “destape”, todos bien vestiditos que hace mucho frío en la playa. Las “guiris” haciendo top-less y las competiciones de consumo de sangría ya pueden buscarse otros países, España vuelve a la ortodoxia.

Decoro

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Dice el diccionario de la Real Academia que el “decoro” es el honor, respeto, reverencia que se debe a una persona por su nacimiento o dignidad, siendo además sinónimo de circunspección, gravedad, pureza, honestidad, recato, honra, pundonor y estimación. Se usa comúnmente en la frase “guardar el decoro”, significando “comportarse con arreglo a la propia condición social”.
Suena a rancio el decoro. Como el “pudor”, huele mal el decoro. Hiede. Trae fragancias del pasado, a colegios de niños y colegios de niñas, a bragas hasta la cintura, a bañadores de cuerpo entero desde los dos años, a miradas furtivas, a deseos ocultos.
Decoro y respeto es lo que piden los iniciadores de la iniciativa “Playas Familiares“. Al parecer, que todas las playas de España sean de dominio público y que dentro de la legalidad cada cual pueda hacer en ellas lo que le dé la gana no basta, hay que reglamentar su uso, a saber, hay que achicharrarse según las normas del decoro y habilitar los huecos para “uso familiar” (vaya usted a saber a qué clase de ritos se refieren). Supongo que sólo quedará un diez por ciento para uso comercial (chiringuitos con música adecuada para oídos familiares, pero sin inmigrantes vendiendo bebidas que son desagradables) y religioso (una capillita por playa no estaría mal, ya puestos).
Invocan la “protección de la infancia” y piden un “ambiente apto para las familias”, nada de nudismo, nada de “destape”, todos bien vestiditos que hace mucho frío en la playa. Las “guiris” haciendo top-less y las competiciones de consumo de sangría ya pueden buscarse otros países, España vuelve a la ortodoxia.

¡Bien por la iglesia!

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¿Cómo? ¿Está fumao? ¿Se ha convertido de repente? ¿Ha visto la luz?
No my friends. No. Lo que pasa es que me he leído la instrucción pastoral de la conferencia episcopal titulada “Teología y secularización en España. A los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II”, y no puedo estar más contento.
Si los pocos jóvenes españoles que aún dicen ser católicos querían una demostración fehaciente de que la iglesia católica vive en la edad media, aquí la tienen, y hasta en PDF.
Dicen los obispos:

«c) Moral de la sexualidad y de la vida
61. Consecuencia inmediata de la dignidad de la persona humana revelada en Cristo es la dignidad intangible de la sexualidad. En un contexto marcado por un exasperado pansexualismo, el auténtico significado de la sexualidad humana queda muchas veces desfigurado, controvertido y contestado, cuando no pervertido. Es necesario que superemos la tentación de resolver «los viejos y nuevos problemas con respuestas que son más conformes a la sensibilidad y las experiencias del mundo que a la mente de Cristo (cf. 1 Cor 2, 16)». La sexualidad está inscrita en el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, varón y mujer, que se debe entender desde la vocación de la persona al amor, y así, mediante la virtud de la castidad se logra la integración de la sexualidad en la persona.
62. La dignidad de la vida humana exige que su transmisión se dé en el ámbito del amor conyugal, de manera que aquellos métodos que pretendan sustituir y no simplemente ayudar a la intervención de los cónyuges en la procreación, no son admisibles. Si se separa la finalidad unitiva de la procreadora, se falsea la imagen del ser humano, dotado de alma y cuerpo, y se degradan los actos de amor verdadero, capaces de expresar la caridad conyugal que une a los esposos. La consecuencia es que una regulación moralmente correcta de la natalidad no puede recurrir a métodos contraceptivos.
63. A la luz de estos principios sobre la sexualidad se entiende el motivo por el que la Iglesia también considera «pecados gravemente contrarios a la castidad… la masturbación, la fornicación, las actividades pornográficas y las prácticas homosexuales». La enseñanza cristiana sobre la sexualidad no permite banalizar estas cuestiones ni considerar las relaciones sexuales un «mero juego de placer. La banalización de la sexualidad conlleva la banalización de la persona». El uso de las facultades sexuales adquiere su verdadero significado y su honestidad moral en el matrimonio legítimo e indisoluble de un hombre con una mujer, abierto a la vida, que es el fundamento de la sociedad y el lugar natural para la educación de los hijos. Los ataques al matrimonio que con frecuencia presenciamos no dejarán de tener consecuencias graves para la misma sociedad.
64. No podemos olvidar tampoco que la vida humana se inicia en la concepción y tiene su fin en la muerte natural. El aborto y la eutanasia son acciones gravemente desordenadas, lesivas de la dignidad humana y opuestas a las enseñanzas de Cristo. La Iglesia es consciente que estas cuestiones deben ser explicadas a la comunidad cristiana, asediada constantemente por la mentalidad hedonista propia de la cultura de la muerte. Tampoco podemos poner en duda que, desde el momento de la fecundación, existe verdadera y genuina vida humana, distinta de la de los progenitores; de modo que quebrar su desarrollo natural es un gravísimo atentado contra la misma. «El amor de Dios no hace diferencia entre el recién concebido, aún en el seno de su madre, y el niño o el joven o el hombre maduro o el anciano. No hace diferencia, porque en cada uno de ellos ve la huella de su imagen y semejanza (cf. Gn 1, 26)». Es contrario a la enseñanza de la Iglesia sostener que hasta la anidación del óvulo fecundado no se pueda hablar de “vida humana”, estableciendo, así, una ruptura en el orden de la dignidad humana entre el embrión y el mal llamado “pre-embrión”. De manera análoga, nadie tiene potestad para eliminar una vida inocente, ni siquiera cuando se encuentra en estado terminal. Debemos recordar a los fieles que es lícito, incluso bueno, evitar «ciertas intervenciones médicas ya no adecuadas a la situación real del enfermo, por ser desproporcionadas a los resultados que se podrían esperar o, bien, por ser demasiado gravosas para él o su familia», aunque esto suponga que se acorte su esperanza vital. Lo cual es muy distinto de llevar a cabo intervenciones cuya intención directa es eliminar la vida de la persona enferma o anciana.
d) Moral social
65. En esta hora tiene especial urgencia que los fieles católicos recuerden la responsabilidad que tienen en su actividad pública y política. La imperante mentalidad laicista tiende a arrinconar las convicciones religiosas en la conciencia individual y a impedir que se manifiesten y que tengan repercusión pública. Es frecuente que se acepten de buen grado las obras de tipo asistencial y humanitarias de los cristianos, pero se rechacen cualesquiera otras manifestaciones de su fe, incluida la defensa de los valores humanos más elementales como son el derecho a la vida desde su concepción hasta su muerte natural. Pretender que el católico hable y actúe en la vida pública conforme a sus convicciones no significa querer imponer la fe ni la práctica religiosa a los demás. Contribuimos al bien de todos aportando lo mejor que tenemos: la fe en Jesucristo Salvador, que no contradice la razón humana, sino que la eleva hacia una mejor comprensión del bien común y de la naturaleza de la sociedad. Quienes reivindican su condición de cristianos actuando en el orden político y social con propuestas que contradicen expresamente la enseñanza evangélica, custodiada y transmitida por la Iglesia, son causa grave de escándalo y se sitúan fuera de la comunión eclesial.
66. Los fieles deben defender y apoyar aquellas formaciones o actuaciones políticas que promuevan la dignidad de la persona humana y de la familia. En el caso de que no se pueda eliminar una ley negativa sobre estas materias, el fiel católico debe trabajar por minimizar los males que ocasione. En cuestiones más contingentes cabe un cierto pluralismo de opciones para los católicos. Pero cuando lo que está en juego es la dignidad de la persona humana –como hoy sucede con frecuencia–, el católico debe ofrecer el testimonio real de su fe manifestando un inequívoco rechazo a todo lo que ofende a la dignidad del ser humano. También las obras de carácter asistencial, que movidos por la caridad, impulsan los católicos, deben tener un perfil específico en el que Dios y Cristo no pueden quedar al margen, pues los cristianos sabemos que la raíz de todo sufrimiento es el alejamiento de Dios.»

Sigan así señores obispos, sigan. No van a hacer falta más ateos combatientes, que se combaten ustedes solos la mar de bien.

De vuelta al medioevo

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El cardenal Christoph Schönborn, uno de los redactores del último catecismo católico, ha embarcado a la iglesia de Benito XVI en un proceso de involución doctrinal. En su artículo en “New York Times”, “Finding Design in Nature“, nos avanza la postura de la iglesia en el siglo 21:

“A la luz de la razón, el intelecto humano puede discernir clara y rápidamente el diseño y el propósito en el mundo natural, incluyendo el mundo de los seres vivos.”
“La evolución, en el sentido de un ancestro común puede ser cierta, pero en el sentido neo-Darwiniano – un proceso ni guiado ni planeado de variaciones aleatorias y selección natural – no lo es. Cualquier sistema de pensamiento que niega o busca jusfificar las abrumadoras evidencias de diseño en la biología, es ideología y no ciencia.

Como es costumbre en la iglesia acusan exactamente de lo que ellos adolecen, indican tener evidencias desde la nulidad absoluta de pruebas y acusan de falta de espiritu científico desde una posición abrumadoramente dogmática.
El Cardenal aprovecha además para meter el palito en el ya de por si revuelto hormiguero del neointegrismo católico, y sin pedirlo, aconseja adecuar las enseñanzas en colegios cristianos a sus recomendaciones, pidiendo que la Evolución sea explicada en los colegios como “una entre muchas teorías”.
¿Apoyará explicitamente Benito XVI este tipo de iniciativas medievalistas? Si este fuera el caso, tamaña declaración de intenciones nos avanza largos años de diversión.
Ver además:
- “Leading Cardinal Redefines Church’s View on Evolution“. (New York Times)

Nauseabundo

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Ricard Maria Carles, arzobispo jubilado, ha ido más allá de las tópicas declaraciones anti-matrimonio homosexual que sus compañeros de oficio nos están haciendo tragar los últimos días. Como siempre la estupidez humana demuestra no tener límites, y la de éste señor es inconmensurable. El señor ha comparado el hecho de celebrar bodas homosexuales con el acto de ayudar a matar judios durante el holocausto nazi. Dijo:

“Obedecer antes la ley que la conciencia lleva a Auschwitz. Porque no eran delincuentes los que hicieron Auschwitz, sino gente a la que se forzó o que creyó que tenía que obedecer primero las leyes del Gobierno nazi que a su conciencia… Los alcaldes tienen una situación privilegiada, no están obligados y pueden delegar, pero los funcionarios, los jueces, no pueden delegar.”

La comparación es odiosa y nauseabunda. Poner en la misma balanza un matrimonio civil, o sea un contrato voluntario entre dos personas adultas, con el asesinato y la tortura de millones de inocentes, denota un integrismo absoluto y un total desprecio a todos aquellos que no pertenezcan a tu “secta”.
En realidad no se por qué me sorpende, es la misma actitud de toda la historia de la iglesia, igualito que en la edad media. Menos mal que ya no pueden montar hogueras en la plaza, no nos librábamos ni uno de la quema.

Integristas

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El integrismo, dice el diccionario, es la actitud de ciertos sectores religiosos, ideológicos o políticos, partidarios de la intangibilidad de la doctrina tradicional. Oyendo el otro día por la radio a ciertos creadores de opinión llegué a la clara conclusión de que España tiene una inquietante cantidad de integristas.
Decían estos integristas de aquí que los inmigrantes se pueden dividir en dos tipos, los que se adaptan a nuestra cultura y los que no. No lo decían con estas inocuas palabras, que hasta podrían sonar verdaderas, sino que lo hacían de manera más directa. Decía nuestro creador de opinión que los inmigrantes sudamericanos son buenos porque son católicos y hablan el idioma, van a misa los domingos y además tienen un pensamiento más tradicional. Además al “integrarse” pueden dar lugar a magníficos mulatos. Continuaba el hábil pensador afirmando que los polacos son también inmigrantes de los buenos, porque son más católicos aún que los sudamericanos y tienen al parecer una gran capacidad para aprender idiomas. Después describía los inmigrantes menos buenos, como los rumanos, búlgaros y otros europeos del este. Éstos tienen también una buena capacidad para aprender el idioma, pero no son cristianos viejos, y algunos son hasta ateos. Por último están los inmigrantes malos, en realidad malísimos, los musulmanes. Éstos tienen la mala costumbre de no integrarse, de no seguir nuestras sagradas tradiciones y de intentar conquistarnos con sus ideas religiosas. O sea, son integristas.
No creo que tengáis mucho problema en poner nombre a estos grandes pensadores, pero en realidad es irrelevante. Los opuestos se tocan, tienen tanto integrismo como el que buscan.

Pecadores masivos

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El Cardenal Rouco ha llegado a la misma conclusión que el cura de “El día de la Bestia“. Madrid es una ciudad satánica y se peca masivamente [--(1)--]. Ya no hay gente en las iglesias, ya no hay jóvenes en los seminarios, y la culpa, dice Rouco, es de

“las grandes y poderosas corrientes de pensamiento y los influyentes centros e instituciones del poder económico, cultural y político que desde hace tiempo prescinden de toda referencia a la voluntad de Dios a la hora de pensar en el futuro de la sociedad”.

Señor, Señor, ¿Por qué nos has abandonado?
Es cierto, tiene razón. Hay que volver a lo de antes. Podemos empezar a llamar a curas y obispos para que bendigan las obras públicas, como los nuevos tramos de la M-30. La televisión tiene que dar una misa diaria y parar a la hora del Ángelus. Los crucifijos tienen que poblar las calles, los escapularios los cuellos y los rosarios las manos. El segundo hijo al ejército y el tercero al seminario, las hijas feas al convento. Los centros de poder tienen que volver a donde deben estar, a nuestras manos.
Se masca la nostalgia de otros tiempos.
–(1)– “Rouco Varela: “En Madrid se peca masivamente” en La Cadena Ser

Voto de pobreza

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La Santa Iglesia Católica esté empezando a temblar. Parece que, por fin, el gobierno del PSOE tiene unas intenciones verdaderas de eliminar la obscena financiación de la Iglesia. A pesar de su voto de pobreza, los santos jerarcas están empezando a sudar tinta. ¡Que nos cortan el grifo! Para completar el cuadro, la nueva ley del divorcio, la futura nueva ley del aborto y la posible regulación de la eutanasia, hacen que estos santos varones estén a punto de entrar en apoptosis.
El portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, indicó que los católicos “son libres” de manifestarse contra la política del Gobierno y va a llevar “a pie de calle” la “visión cristiana” sobre estas cuestiones.
No es que estas declaraciones sean preocupantes, pero conociendo a su “rebaño” dudo mucho que las manifestaciones de los católicos españoles fueran un modelo de movilización en pro del diálogo democrático. No se por qué, pero lo dudo mucho.
Más bien les veo empezado a invocar la cruzada y el “pogrom” contra los herejes, y empezando a salir con los escapularios al cuello gritando “¡Viva Cristo Rey!”.
¿Será por el dinero o por las ideas?

Optimista

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El cardenal Rouco Varela es muy optimista. En sus últimas declaraciones, dice que

«más del 70 por ciento de la población española se declara católica, es decir, una mayoría pese a quien le pese. (…) El hecho de que la mayoría de los españoles se declaren cristianos, es algo que a muchos no les gusta escuchar.»

Perdona querido cardenal que te tutee, pero ¿Tu te pinchas? Como diría el sabio campesino, estás “confunciendo los cojones con comer trigo”. Que la inmensa mayoría de la población española esté bautizada y que hayan hecho la primera comunión durante su tierna infancia, no equivale a que cuando sean adultos sigan creyendo en tales anacrónicas patrañas.
¿De dónde sacas tus cifras? ¿Incluyes en ellas a los niños que van a las clases de religión? ¿Haces las encuestas a pie de iglesia?
Si pregunto a las personas que hay a mi alrededor y que sean menores de 50 años, ninguno se declara “cristiano” y menos “católico”. Alguno dice creer en Dios, pero difusamente.
Creo que esto se merece una encuesta:

 

¿Qué religión profesas?
Cristianismo Catolicismo
Cristianismo Protestante
Cristianismo Ortodoxo
Islam
Judaísmo
Hinduismo
Budismo
Otra
Ninguna – Ateísmo
Ninguna – Agnosticismo
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Estado laico

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Acabo de leer un magnífico artículo de Marcos Taracido en Libro de Notas, analizando la toma de posesión de los ministros del nuevo gobierno dice:

Qué hace una biblia y un crucifijo en esta ceremonia no tiene respuesta razonable más allá de la confirmación de que, al menos por ahora, no vivimos en un Estado laico y aconfesional tal y como afirma la Carta Magna.

Opino lo mismo.
Hay otro hecho de la actualidad reciente que mostró claramente la mentira y la precariedad de la aconfesionalidad de nuestro estado.
Me refiero al “funeral de estado” por los atentados del 11M. No me dejó de sorprender que en un supuesto “estado laico” se realizara un funeral de estado exclusivamente católico. En mi opinión, el hecho estuvo mal en cualquier caso, pero mucho más teniendo en cuenta que parte de las víctimas no eran católicas.
Para más falta de tacto, el cardenal Rouco se dedicó a hacer posicionamientos religiosos en su sermón:

Y, a la vez, avanzar en la consecución de uno de sus más importantes objetivos: el de minar progresiva y aceleradamente las bases morales y espirituales sobre las que descansan nuestras sociedades y naciones de raíces cristianas; a saber: la afirmación de la dignidad inviolable de todo ser humano desde su concepción hasta su muerte natural, la integridad de los derechos fundamentales que le son inherentes y la comprensión solidaria del bien común”
Pero, frente a la estrategia del odio señaló sólo cabe al final una sola respuesta eficaz: la del amor, que implica y exige para su puesta en práctica una estrategia divina: la de la Ciudad de Dios, opuesta a la de la Ciudad Terrena, que diría San Agustín, cuando de ella se apodera el puro y duro egoísmo”. ”¡Amar a los hermanos! ¡Abandonar ‘el amor de sí mismo’ como el absoluto de la conciencia personal y colectiva! He ahí la tarea ante la que nos coloca el amor del Señor compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en piedad y clemencia, que invocábamos y cantábamos con el salmista.

¿Para cuándo un estado laico de verdad?

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