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Muerte digna

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Uno de los puntos negros de la asistencia hospitalaria son los enfermos terminales. En muchos hospitales no existen unidades de cuidados paliativos y los médicos de las distintas especialidades suelen ser poco receptivos ante las necesidades de un enfermo terminal. Por desgracia, yo ya es la segunda vez que tengo un familiar enfermo terminal de cáncer, y dada la ausencia de una ley que regule la eutanasia, la muerte no es para nada digna. Aunque la sensibilidad de los médicos fue muy diferente en ambos casos, el resultado final es el mismo, una vez asumida la condición de enfermo terminal, sin posible tratamiento, los enfermos son tratados contra el dolor (con mayor o menor disposición) y tienen que pasar por todas las fases hasta morirse. Los familiares tienen que asistir a toda la degradación que supone la muerte por cáncer, días de creciente debilidad, desorientación, pérdida de control, dificultad respiratoria, edema generalizado y otras muchas lindezas, hasta morir hechos un seres irreconocibles.

Lo mejor es cuando insinúas a un médico que está alargando la agonía innecesariamente y sugieres que aumente la dosis de barbitúricos y te responden con un “eso es ilegal”, mientras justifica el tratamiento del edema pulmonar y fallo cardíaco con nitroglicerina sin pestañear. ¿No debería ser el ensañamiento terapéutico también ilegal?

¿Por qué se permite esto? ¿Qué sentido tiene? Ninguno.

Dudo mucho que la nueva ley de “Cuidados Paliativos y Muerte digna” mejore el tema, mientras no se regule específicamente la eutanasia, solo serán mejoras cosméticas.

 

Sin reposo

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Los hospitales son supuestamente centros de curación donde los seres humanos enfermos acuden para ser tratados de las enfermedades que les aquejan y reposar, o morir “dignamente”. Aunque en su mayor parte cumplen con su función, los hospitales fallan miserablemente en las facetas de descanso y reposo, y ya no es que fallen, ni siquiera consideran como objetivo a cumplir la muerte digna.

En cuanto al reposo. El protocolo hospitalario impone tres turnos diarios de enfermería, asistencia sanitaria y limpieza, y una visita médica. Turnos donde los trabajadores sanitarios recorren las habitaciones y adquieren los datos que indica su protocolo, temperatura, tensión, volumen orinado,  etc, dependiendo del caso. Todo aparentemente perfecto, salvo que la toma de datos implica destruir el descanso y el reposo de los convalecientes enfermos cada pocas horas, día y noche. La sensibilidad de los trabajadores sanitarios por el descanso nocturno de los enfermos, salvo en contadas excepciones, es nula, ruido, voces y luces encendidas.

La cosa es alucinante con los enfermos graves, donde el descanso y la tranquilidad son totalmente necesarios, o con los enfermos terminales donde muchos de los protocolos ya no tienen sentido y lo único que consiguen es dar por el culo tanto a enfermos como a familiares cuando los dicharacheros enfermeros o asistentes entran alegres y felices a confirmar (como ya deberían saber al mirar su libro) que el paciente se está muriendo.

La buena muerte

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Es algo que le va pasar a todo el mundo y afortunada o desafortunadamente a muchos acompañado de un gran sufrimiento. Pero vista la poca importancia que tiene la eutanasia en los programas políticos, o peor aún, en las esperables agendas políticas de los grandes partidos, pareciera que todos fuéramos inmortales.
Y es un hecho. Cada vez vivimos más años y tenemos una mayor seguridad, ergo cada vez tenemos más papeletas para que nos toque alguna enfermedad que nos hará morir de manera larga y dolorosa.
Pudiendo elegir que nuestro sufrimiento se acortase llegado el momento, parece que nos cuesta admitir esa realidad. No deja de ser raro, porque a casi todo el mundo llegada una cierta edad, se nos empiezan a morir familiares, amigos y conocidos. Casi todos tenemos ya la primicia de lo doloroso que es morir de cáncer o de daño cerebral irreversible o de una enfermedad degenerativa en fase avanzada, y de lo bueno que sería acabar de una manera digna, rápida e indolora cuando la esperanza médica se ha desvanecido.
Ya me diréis que iba tardando, pero creo que la religión y la cultura judeocristiana nos tiene emponzoñados. No tenemos a la muerte en un concepto natural, como una fase más de la existencia, su final. La muerte se ha acabado convirtiendo en algo antinatural, que se obvia, se olvida, se aleja y por supuesto se disfraza con bonitos cuentos de hadas salpicados de ángeles. No se prepara la muerte y no se puede elegir la muerte. Los que la quieren elegir son mirados de reojo, como bichos raros, no son normales, se quieren morir.
Y por eso acabamos en la cama de un hospital, donde administrar una buena muerte sería tan fácil, pero acabamos sufriendo. Con mucha, poca o ninguna ayuda por parte de médicos buenos, regulares o malos, que independientemente de su bondad tienen en común una cosa, creen que la muerte no es parte de su oficio. Con mucha mucha suerte lo máximo que se podrá conseguir es una aceleración, mirando a otro lado, de una mala o malísima muerte, casi nunca buena.
In memoriam

Enfermedades Olvidadas

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Interesante artículo en “PLOS Medicine”:http://medicine.plosjournals.org/ sobre esas “enfermades olvidadas”:http://medicine.plosjournals.org/archive/1549-1676/2/11/equation/10.1371_journal.pmed.0020336.e001.gif que azotan el tercer mundo y que con una mínima intervención podrían reducirse o desaparecer.
“["Rapid-Impact Interventions: How a Policy of Integrated Control for Africa's Neglected Tropical Diseases Could Benefit the Poor":http://medicine.plosjournals.org/perlserv/?request=get-document&doi=10.1371/journal.pmed.0020336].”

There are many people in Africa who do not have HIV or TB and have survived malaria, but are nonetheless permanently polyparasitized by debilitating, disabling, and sometimes fatal conditions, which can be treated at a cost of US$0.40 per person annually. Controlling Africa’s neglected diseases is one of the more convincing ways to “make poverty history” through affordable, pro-poor, effective, and tested strategies.

Ver:
“Ciencia de acceso libre”:http://www.junjan.org/weblog/archives/2004/05/30/ciencia_de_acceso_libre.html

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